Microcuento #8: Hogar dulce hogar

Hogar dulce hogar

Desde antes de que nacieran, ya era parte de sus vidas. La casa había sido heredada de sus abuelos a su madre. Supusieron que su hermana o ella seguirían la costumbre y la heredaría. Sin embargo, nada que ver el barrio ahora a como era cuando su abuelo levantó la casona, pensando en sus hijas y nietos. Por más bonita que hubiera quedado con sus pisos de cerámica roja o con sus numerosos cuartos, que su abuelo le hubiera construido un muro alrededor o que su padre le hubiera arreglado lo que hacía falta…no importó ni les protegió. Igual que les pasaba a otros que tenían casas tan bonitas como la de ellos. Su familia no era la única que había vivido toda una vida ahí. Tampoco era la primera ni la última que tiraba la toalla y decidía marcharse.

Así que, con mucha tristeza y en luto, decidieron dejar atrás los sueños teñidos de rojo para buscar un nuevo lugar en el mundo donde poder plantarse y sanar sus corazones. Muchos les cuestionaron la mudanza pero a todos les dejaban clara su decisión con un “hogar no es solo un techo y cuatro paredes, es donde están las personas que amas”. Y ya habían perdido a dos personas amadas solo por resistir a la tormenta que no hacía más que empeorar entre robos y policías incapaces de hacer algo. Porque qué policía se atrevería a disparar a un ladrón hoy en día.

Entonces, guardaron el miedo, las lágrimas, el dolor y los días grises junto a las cajas organizadas para enviar al departamento, para donar, vender o tirar. Se despidieron lentamente a lo largo de dos meses de la casa que les había visto crecer y de cada recuerdo de sus padres escondidos entre los rincones. El sonido del calefón en la cocina, el comedor con la pared donde se marcaban sus estaturas desde que aprendieron a caminar y el baño con el sonido de goteo sin interrupciones. El cuarto de costura de su madre había dejado la huella de las máquinas industriales y las estanterías vacías ya no estaban repletas de telas, hilos, cierres y demás. Cuánto extrañaría oír esa detestable máquina de coser rugiendo. El cuarto de escritura de su padre era otro lugar vacío lleno de recuerdos y le estrujó el corazón ver también sus estanterías sin libros. Eran tantos que decidieron donar muchos a una biblioteca. Extrañaría muchísimo oír las risas entre el sonido incesante de las teclas.

Recorrer la casa para comprobar que los objetos habían sido empaquetados y enviados a su nuevo destino fue duro. Le estrujó el corazón pensar en que solo en sus cabezas llevarían lo más importante de esa casa, los recuerdos con sus padres. Ambas hermanas estaban solas ahora y les fue fácil llegar a la conclusión de que la casa resultaba muy grande para las dos. Muy repleta de vivencias que serían sal para sus heridas. No obstante, solo ella se había animado a ir ese día, para comprobar que todo estuviera en orden y listo para recibir nuevos inquilinos en algún futuro. Su hermana le había dicho que era valiente pero ella no se sentía así. Le costó más de lo imaginado cruzar el umbral de la entrada sin el tapete que siempre les dio la bienvenida con un “hogar dulce hogar” y atravesar los pasillos para observar los cuartos vacíos.

Sin embargo, ya era hora de dejar atrás ese lugar encantador de paredes blancas y techo rojizo. Porque por más que quisieran permanecer, no había nada que les asegurara que una nueva tragedia no golpeara a su ahora pequeña familia. Eran más que conscientes que no importó que atraparan a algunos o que la policía vigilara la casa a veces, ni que los vecinos dijeran apoyarles. Cinco robos fugaces más uno largo y aterrador fueron suficientes para no querer vivir algo así otra vez. Seguirían pidiendo justicia por lo sucedido y buscarían ver tras las rejas a quienes mataron a sus padres, pero no lo harían viviendo en ese peligroso barrio. Así que, con su mano firme en la manija, cerró la puerta tras un suave adiós y dio vuelta la llave por última vez.

Fin.


«Hogar dulce hogar» es un microcuento que escribí durante el segundo día del IV Mundial de Escritura. En dicho día utilicé el disparador creativo que envió el staff del mundial. La consigna consistía en escribir sobre cerrar una casa, ya sea porque alguien murió o se mudo. Puedes ver el video con la consigna completa aquí.

Espero que te haya gustado este microcuento. Te animo a comentar más abajo qué te ha parecido esta historia. Me encantará poder leerte.

Gracias por leerme. Te deseo un muy bonito día.

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Roxana
1 mes hace

¡Hola! Qué interesante y qué tal al día está con Argentina. Me hiciste recordar a mi primera mudanza. Eramos chicos y nos mudamos en parte por la crisis y otra porque era una esquina de muerte (siempre había accidentes y dos veces entraron autos a la casa, entre otras cosas). Costó muchísimo irse a pesar de eso. Y tu relato me ha hecho pensar en todo eso.
Me encantó.
¡Un besito!

Gisela Brito — Escritora
¡Hola, soy Gisela de Argentina! En este blog estaré compartiendo mi experiencia literaria como escritora de ficción. Encontrarás mis microcuentos y recomendaciones para leer o escribir. Espero que disfrutes tu estadía y te animo a dejar un comentario.

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