Microcuento #9: Pasatiempo

Microcuento Pasatiempos

Llevaba meses con el antojo y, aunque antes no le llamaba la atención probarlo, cada vez que se conectaba a Internet, le aparecían cientos de imágenes al azar, una más hermosa que otra. Habitaciones y patios con pocas plantas o repletas de ellas. Plantadas directo en la tierra o en macetas recicladas, de cerámica, cemento, metal. Plantas en agua dentro de botellas, vasos, frascos y tazas. De montón de formas, tamaños y colores.

El entusiasmo aumentaba a medida que investigaba sobre el pasatiempo. Miraba cómo se movía la luz solar en las paredes de cada habitación y en el balcón. Googleaba en cada oportunidad qué podría ir en cada rincón. Tomaba medidas del balcón y veía ofertas de estanterías de vidrió o metal. Preguntó a sus amistades y a familiares que ya habían tenido plantas, que seguían con ello o que se habían rendido. Visito diferentes viveros para ver precios y pedir consejos. No obstante, la batalla seguía en su interior.

Una parte de ella lo deseaba con todas las ganas. Sentía que sería divertido. Que podría comenzar de a poco y con lo más fácil. Que habría millones de artículos y videos online para aprender. Que si le agarra la mano, quién sabe, llenaría de plantas cada rincón del departamento. Que sería relajante el tiempo entre tierra, abono, arena y demás cosas que hicieran falta. Que podría presumir de sus plantitas con sus visitas y en las redes sociales.

La otra parte le tiraba encima toda la mala onda del mundo para detenerla. Que seguro se le mueren. Que seguro olvidaría de darles agua o abonarlas. Incluso que era capaz de equivocarse en sus cuidados, dejarlas al sol y que terminaran quemadas. O, tal vez, que le echara agua de más y las acabaras ahogando. Que si no le gustaba a su gato, terminarían destrozada por este. Que sería una responsabilidad más entre el trabajo, sus estudios y metas. Que capaz algo random pasaba y terminaba estresada, llorando y arrojando todo a la basura.

Sin embargo, llegó un momento en el que ya no lo soportó más. Imaginó todas sus dudas, miedos y malos pensamientos en su mano, la apretó como si tuviera una pelota de papel invisible y la arrojó por la ventana. Se miró en el espejo de cuerpo entero que tenía en su habitación. Se miró con el ceño fruncido, apuntándose a sí misma, y se gritó furiosa: “¡Apenas salgas del trabajo al medio día, irás al vivero a una cuadra de las vías y te comprarás la primera planta chiquita que veas bonita!”. Así, con toda la valentía acumulada, fue a trabajar a la pizzería.

En cuanto salió, se dirigió al vivero y, apenas entrar, quedó nuevamente maravillada por todo el verdor y aroma fresco que desprendía el lugar. Su amor por las plantas no paraba de crecer. Se dirigió a donde estaban las plantas más jóvenes y agarró dos que tanto la habían acosado a través de fotografías en los grupos de Facebook a los que se había unido hacía meses. Las compró, recibió breves consejos del empleado que le atendió y regresó a casa. Se pasó la tarde admirando las hojas carnosas de una y las acorazonadas de la otra. Un sentimiento de satisfacción la llenó cuando las acomodó junto a la ventana que mejor luz les daría.

Cada mañana al levantarse, las admiraba. Prestaba suma atención a que el gato las ignorara, a que no se arrugaran o quemaran sus hojitas, ni que nada malo les pasara. A medida que pasaba el tiempo y notaba su crecimiento, las iba mudando a macetas más grandes y dando lugar a otras plantas. Sin darse cuenta, cada rincón del hogar donde llegaba luz, tenía una o varias plantitas de diferentes tamaños. Las primeras que compró se habían convertido en madre de otras, de las cuales algunas habían mudado a casa de amigas o su madre. Un día, cuando volvía de su trabajo en la librería a media tarde, se dio cuenta del ambiente verde y fresco de su casa. Al momento, rio a carcajadas mientras pensaba en que se había convertido en la señora de las plantas. Ya no había marcha atrás pero nada le quitaría todo lo bueno que le había traído semejante pasatiempo tras comprar un potus y una madre perla.

Fin.


«Pasatiempo» es un microcuento que escribí en el tercer día del V Mundial de Escritura. Ese día decidí no utilizar la consigna ofrecida por el staff (la cual puedes ver aquí) y en su lugar usé uno de los disparadores creativos que compartí en el blog. Así que esta historia surgió a partir de la palabra “arena” y mi amor por las plantas.

Espero hayas disfrutado de esta microhistoria y te animo a compartir tu opinión en la caja de comentarios.

Te deseo un precioso día. Gracias por leerme.

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Roxana
3 meses hace

¡Hola! Me he sentido la señora de las plantas XDDD si bien, todavía aprendo con ellas ¡me he sentido super identificada con este cuento! Mirando donde las vas a poner, qué necesitan y todo eso. Amo las de sombra, pero en casa tengo demasiada luz y no tengo donde ponerlas (y dentro es un peligro con mi sobrino descubriendo el mundo XD).

Amé el relato ¡unas ganas de ver cómo ha quedado la casa con tantas plantas!

¡Un abrazo!

Mati
3 meses hace

Qué lindo! Hoy en día cualquiera en la ciudad quisiera ser la señora de las plantas, o por lo menos yo sí.

Gisela Brito — Escritora
¡Hola, soy Gisela de Argentina! En este blog estaré compartiendo mi experiencia literaria como escritora de ficción. Encontrarás mis microcuentos y recomendaciones para leer o escribir. Espero que disfrutes tu estadía y te animo a dejar un comentario.

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